Alcobendas C, 10 – CRC C, 28

Llega una edad en la que uno no se despierta un domingo de otoño (solecito, temperatura agradable) con un grado alto de estrés. Ya no estamos para movidas raras. A la hora de quedar sólo había llegado una minoría de entregados a la causa y el resto fue apareciendo más o menos cuando le fue posible o cuando le dijeron las voces en su cabeza. Eso sí, los cuatro jovencitos de este domingo (bueno, tres, que uno llegó con una excusa tipo ‘el perro se me ha comido los apuntes del examen’) estaban puntuales y en primer tiempo de saludo, como la benemérita.

No vayamos a pensar que los del tercer equipo de Alcobendas eran unos flipados que estaban ya haciendo abdominales a hora y media del pitido inicial. No. Siendo, como son, unos viejales muy similares a nosotros, fueron llegando poco a poco y en la medida de sus posibilidades, con más ganas de saludarnos y charlar que de darse cabezazos en el campo (no es que nosotros estuviéramos en una actitud mucho más guerrera, la verdad).

Y la veteranísima Paloma Loza, que no solo nos arbitraba, sino que siendo la que asigna los partidos en la federación se había adjudicado precisamente este partido para ella, apuntaba una actitud absolutamente coherente con el ambiente. “Veo que habéis traído chavales jóvenes. Como a uno le dé por correr, tarjeta amarilla directamente”.

Pero a pesar del ambiente relajado, cuando empezó el partido se vio que los de Alcobendas no habían venido a pasar la mañana sin más. Correr, poco, pero el nivel de contacto en las distancias cortas era bastante duro. Se escuchaban los topetazos como cuando golpeas un filete contra la encimera de la cocina.

10 minutos de igualdad, aunque con más dominio territorial por nuestra parte, cuando por fin ya deja de caérsenos el balón de las manos y nuestro ‘centro sin aristas’ Arturo culmina un ataque chocando como en un pin-ball contra varios contrarios y posando el balón bajo palos.

Con la grata satisfacción del deber cumplido y la sensación de que ya nada más nos resta por hacer en esta reencarnación salvo firmar autógrafos y vender camisetas con nuestro nombre dimos el partido por resuelto, con lo que sorprendentemente los de Alcobendas empezaron a dominar el juego y el campo y a base de buenos barrigazos nos metieron un ensayo por la izquierda. Vamos 5-7, todavía ganando.

Una tímida reacción por nuestra parte nos permitió volver a acercarnos a su línea de ensayo, pero nuestra constante búsqueda de la excelencia y la voluntad de brindar un espectáculo inolvidable al ni numeroso ni ruidoso público que nos acompañaba hicieron que intentáramos una y otra vez entradas solitarias o pases imposibles que no hacían más que devolver el balón a los de granate.

Como ninguna buena acción queda sin su justo castigo, en la última jugada de la primera parte nos tiran una patada detrás, el bote es caprichoso y acaban marcándonos un segundo ensayo que les pone por delante. 10-7 palmamos al descanso.

Tras respirar, beber agua y escuchar las sabias indicaciones de Simon (menos mal que alguien pone un poquito de sentido común en nuestro juego) salimos no diría que en tromba, pero sí un poquito más agresivos que antes. Fruto de esta catarsis colectiva hacemos una jugada fea pero resultona, muy de nuestra manera de ser, y el balón acaba llegando a Patxi, que añade una marcha más al paso procesional que llevábamos hasta ese momento (aunque a él seguro que le pareció que ni siquiera tocaba el suelo, como Carl Lewis), supera las últimas líneas de defensa y posa elegantemente el balón debajo de palos. Ahora ganamos 10-14 y nos queda casi toda la segunda parte por delante.

Y no sé si es que todo el mundo estaba contento con el resultado o que nuestro físico o nuestro talento no daba para mucho más, pero el caso es que el marcador se queda como estaba hasta el minuto 70, en el que el bueno de Pablito Domaica encuentra premio a sus desvelos y descubre que a base de determinación y buenas patas puede dejar atrás a los defensores y marcar también bajo palos. Vamos 10 a 21. Esto no se nos puede escapar.

Eso mismo debieron de pensar los de Alcobendas, porque a estas alturas van dejando más huecos en su defensa. El otro Pablo, nuestro sub23 con canas y tres hijos, acierta a romper un par de caderas y posa el balón a cuatro minutos del final, dejando el 10-28 final en el marcador.

Ni círculo para comentar tras el pasillo ni leches. Directos al bar a solucionar el tema de la hidratación, y poco a poco a compartir un muy agradable tercer tiempo con nuestros amigos de Alcobendas, que en un par de semanas se van a jugar el torneo internacional de Dubái.

Con esta de hoy añadimos otra victoria más que nos permite seguir siendo co-líderes de la clasificación, igualados con San Isidro. Pico y pala. La semana que viene viajamos a Vallecas. A ver qué tal se nos da. Preparensen.

Pato.