CRC Pozuelo Rugby

La mayor escuela de Rugby de Pozuelo de Alarcón

Una mujer que decide jugar al rugby es una especie de anomalía a los ojos de muchos. En España, al menos, no faltan los que no se acostumbran a ver a treinta mujeres luchando con fiereza por conseguir ensayar, a treinta mujeres que no temen la colisión y que dan lo máximo que pueden por su equipo. El rugby sigue pareciendo un deporte exclusivo de hombres aunque, sin embargo, no lo es. Una mujer jugando al rugby causa tanta extrañeza como para dejar perplejo a un nutrido grupo de personas, pero la presencia femenina en este deporte va a más. Afortunadamente, los topicazos en el deporte van desapareciendo y se va normalizando la participación de la mujer en deportes de contacto. Por cierto, el palmarés de las selecciones femeninas de rugby españolas es mucho más nutrido que el de los hombres. Es un dato objetivo y que puede juzgar cada uno.

El encuentro entre Pozuelo Rugby Unión y Sanse Scrum prometía ser intenso, duro en defensa para los dos equipos y explosivo en el ataque del PRU femenino. Se jugaba en el espléndido Polideportivo Dehesa Boyal de San Sebastián de los Reyes, unas instalaciones bien cuidadas y ubicadas en un lugar de privilegio. El equipo femenino del PRU debía ganar el partido para consolidar su posición en la tabla -antes de disputarse el encuentro, estaba empatado en la primera posición con C. R. Majadahonda que ya había ganado su partido a Torrelodones R.C. (46 – 19)- y Sanse Scrum necesitaba colocarse en una zona cómoda que le permitiera cierto margen con los resultados hasta el final de la primera fase de la competición.

Los primeros quince minutos fueron difíciles para el PRU. El ataque del Sanse Scrum se imponía a una defensa dubitativa. La defensa del Sanse Scrum ganaba la partida a la delantera del PRU que percutía y a cambio recibía placaje tras placaje. La delantera del Sanse Scrum es dura y busca el contacto siempre que puede. Esos minutos sirvieron para que las jugadoras entendieran que era necesario mover el balón en la línea de tres cuartos. Y sólo cuando fue así, el partido desencalló y el juego fluyó con mayor facilidad. Después del primer ensayo del partido firmado por Yenier Wiliannys «Mega» Rodríguez Silvera (qué buena jugadora tanto en defensa como en ataque) el equipo se ordenó y el oval se movió con acierto. No obstante, algunas patadas a seguir desdibujaron la mejoría y las imprecisiones se repitieron más de lo recomendable. El segundo tiempo fue claramente para el PRU y los problemas se diluyeron casi por completo. El resultado final (0 -32) describe lo que sucedió en un partido muy completo del PRU femenino que supo reaccionar pronto e imponer su juego.

Ana García Zas, primera línea del PRU, consiguió un ensayo en el minuto 60. Estuvo peleona durante todo el encuentro. Es una jugadora que lo intenta sin cesar, que no parece tener miedo al contacto, que lucha cada balón. Es una de esas jugadoras que siempre está aunque no lo haga con grandes aspavientos. Cristina Herrero Motos, medio melé del PRU, jugó como suele hacerlo. Siempre está presente, intenta ‘pescar’ balones, placar si tiene a la jugadora contraria cerca, el juego se canaliza a través de ella y si falta el equipo lo nota. Y ambas jugadoras representan muy bien una de las características más extraordinarias del rugby: este deporte acepta cualquier tipo de jugadora, cualquier tipo de filosofía de juego, cualquier tipo de cuerpo. Y esas mezclas tienen como resultado un juego que termina siendo difícil de equilibrar por parte del equipo contrario. Pero también representan una característica que hace del PRU femenino un equipo tan diferente y atractivo: se acepta cualquier forma de entender el rugby, algo que no suele ocurrir con tanta frecuencia como pudiera parecer puesto que, normalmente, se imponen criterios en los equipos que no dejan crecer a las jugadoras.

Un paso más hacia la segunda fase y, por tanto, hacia el objetivo final que no es otro que la fase de ascenso a DHB.

G. Ramirez