Liceo C, 69 – CRC C, 7
Vale, estamos aquí para pasar un buen rato con los amigos, divertirnos, hacer algo de deporte y todo eso, pero si hoy en el tercer tiempo hubieras mirado a la jeta de cada uno de los que estábamos en el campo, nos habrías visto jodidos.
Jodidos. Porque aunque el objetivo era difícil, porque llevábamos toda la semana inquietos, pensando en el partido, pensando en lo que iba a hacer cada uno, cómo íbamos a atacar, cómo íbamos a defender, qué íbamos a hacer en las fases estáticas. Porque, aunque conscientes de nuestras limitaciones, veníamos con ganas de ganar.
Porque este era el partido que decidía mucho de lo que había en juego en esta fase de ascenso de la tercera regional. Si ganábamos al Liceo, casi seguro que obteníamos el ascenso directo. Si perdíamos, dependíamos de ganar la semana que viene al San Isidro y probablemente de ganar también el partido de promoción contra el antepenúltimo de segunda división.
El Liceo también se jugaba toda la temporada en este partido, y vino preparado, tanto de mentalización como de efectivos. Aunque algunas caras ya eran conocidas, no parecía el mismo equipo al que ganamos allá por enero. De hecho, presentaban 7 novedades respecto al Liceo que palmó contra Villalba la semana pasada. Y desde luego que eran incorporaciones importantes. Lo notamos desde el principio.
Porque para el que probablemente era el partido más importante de la temporada solo fuimos capaces de presentar 16 jugadores, a los que a última hora se unieron Carlos (después de una temporada e blanco por su lesión de hombro), Moni y César, que a pesar de andar todavía cojos, sin poder correr, ni mucho ni poco ni nada, no querían dejar a sus compañeros solos ante el peligro en una situación como esta. Y de los que estábamos en el campo había bastantes fuera de su posición natural: Kique y Ángel de flankers, o el pobre Carlos regresando de su lesión para incorporarse de talonador (puesto en el que no había jugado jamás) a una de las melés más complicadas de la temporada.
Los cuatro sub 23 que nos acompañaron (Lahuerta, Gonzalo, Jesús y Arias) dieron todo lo que llevaban dentro (incluso a Gonzalo se le salió el hombro, desde aquí le deseamos una recuperación rápida), pero ni siquiera con su ayuda fuimos capaces en ningún momento de tomar las riendas del partido.
Porque el partido fue un monólogo del Liceo. Al descanso ya iban ganando 43-0, habiendo metido 7 ensayos, mientras que nosotros apenas pasábamos de medio campo. El segundo tiempo siguió más o menos igual (o peor, jugando en inferioridad numérica por una amarilla), excepto por un rato al final de jugadas nuestras a la desesperada, una de las cuales acabó en un bonito ensayo de Arias.
Quizá hubiéramos podido disimular el marcador un poquito más, pero a cuatro minutos del final Kique sufrió un placaje alto muy feo, al que siguió un interesante intercambio de pareceres. El árbitro, admitiendo que no quería que el partido se le fuera de las manos, pitó el final anticipado.
Bueno, pues lo hecho, hecho está. Podemos seguir quejándonos del árbitro (tampoco fue su día más brillante), quejándonos de los fichajes del Liceo (pero pensad que si nosotros hubiéramos podido hacer lo mismo, lo habríamos hecho), de sus instalaciones de posguerra (menos mal que hacía calorcillo, lo del agua helada es bastante desagradable) o de su tercer tiempo más bien poco social, pero nada de eso importa ya.
Lo que importa es que, si queremos subir directamente a segunda división, la semana que viene tenemos la obligación de ganar a San Isidro con bonus y esperar que Alcobendas gane o no se deje meter más de tres ensayos frente a Villalba, cosa que no parece muy probable tras las últimas jornadas. Si esto no ocurre, quedaremos terceros en la clasificación y tendremos que jugar un partido de promoción contra los antepenúltimos de segunda división, que podrían ser Olímpico, Quijote u Osos del Pardo.
Viéndolo por el lado bueno, como dice Moni, nos pueden quedar dos partidos esta temporada para disfrutar con nuestros amigos de todo esto en lo que estamos embarcados.
Muchas gracias a Simon por pastorearnos, a Jesús padre por darnos confianza y tranquilidad cuando la urgencia médica aparece, a los que aun estando lesionados quisieron aportar lo que fuera posible vistiéndose de corto, a los lesionados y recientes ex-jugadores que se acercaron a animar (Pablo, Chespir, Juan, Javi Rubio) y a todos los que se acercaron a animarnos en un día difícil.
Como diría Rosendo, se os quiere.
Pato
