CRC Pozuelo Rugby

La mayor escuela de Rugby de Pozuelo de Alarcón

Lo del sábado fue otro pasito adelante en nuestro objetivo de conseguir ascender. Partido contra nuestros rivales y a la vez amigos del Alcobendas, otra pandilla de señores mayores que, como nosotros, disimulan los porrazos cuando vuelven a casa y disfrutan de estos ratillos de una manera difícil de explicar con palabras. Es algo que solo conoce quien lo ha probado.

En el Valle de las Cañas nunca hace calor. Bueno, sí, pero a estas alturas ya

nadie se acuerda de esa sensación. Y como ya viene siendo tradición en este inusual mes de marzo, hacía viento, frío, lluvia y todo lo que uno trata de evitar cuando el mejor plan que se te ocurre es sofá, peli y mantita.

Por nuestra parte seguíamos con ausencias significativas por lesión o fuerza mayor y contábamos con la ayuda de solo cuatro sub23 (Molas, Gonzalo, Busta y Jesús), que como siempre, se dejaron todo en el campo y dieron un ejemplo de pundonor y motivación a pesar de su corta edad y de su diferencia de peso con los de enfrente, sobre todo Jesús y Gonzalo.

La primera parte empezó mal, con imprecisiones con el balón y cometiendo una cantidad astronómica de golpes de castigo. Como tengo la sensación de que siempre digo lo mismo, voy a pensar que es una tradición nuestra que queremos mantener a toda costa. Podíamos haber elegido otra tradición, yo qué sé, bailar sardanas o cantar rancheras, pero no, elegimos la de cometer golpes de castigo uno tras otro como si no hubiera nada mejor en el mundo.

Y claro, eso no sale gratis. En el minuto 10 se adelanta Alcobendas con un ensayo que rápidamente contestamos con otro de Beto, pero en el 25 se nos vuelven a colar bajo palos y transforman, con lo que el ensayo esquinado que consigue Kique un rato después no nos sirve para igualar el marcador. La cosa no pinta muy bien, pero a base de meter un poco de velocidad nuestros sub 23 Busta y Gonzalo marcan dos veces y nos permiten llegar al descanso con ventaja 22-12 y la sensación de que ahora somos nosotros los que controlamos el partido.

Lo peor del día ocurrió justo antes del descanso. Recibimos un saque de centro, Juanjo supera a dos defensores y se lanza a todo lo que da la máquina hacia delante. Contra él viene su zaguero, también a toda máquina porque sabe que si falla el placaje esto es ensayo. Juanjo baja la cabeza para chocar y el defensor va un poco arriba, con lo que se escucha un crac espeluznante y lo siguiente que vemos es a Juanjo seminconsciente, respirando mal y con la cara llena de sangre. Menos mal que estaba con nosotros Jesús padre, que se hizo cargo de la situación y se llevó después a Juanjo al hospital. Juanjo estuvo un rato en el banquillo, aparentemente no muy mal, salvo que preguntaba cómo íbamos cada 20 segundos. En fin, tras la visita al hospital parece que todo fue bien. Eso sí, tendrá que buscarse una buena historia para explicar en casa y en el trabajo lo del ojo pipa y la napia rota.

En la segunda parte empezamos dominando el juego, sobre todo por la seguridad en melé (fue fundamental la aparición de nuestros segundas más parecidos a los viejos del palco de los teleñecos, Emilio y César), que contrastaba con la lotería de las touches, de las que no ganamos ninguna bien. Lo de pedir melé con cada golpe de castigo a favor en lugar de chutar fuera fue una buena idea.

En uno de nuestros ataques abiertos conseguimos un cuatro contra tres claro, pero Busta (que, recordemos, es un segunda línea) hace un contrapié heterodoxo y supera al defensor. Ahora es un tres contra dos. No la pasa. Prueba de nuevo suerte con el contrapié y le sale bien por los pelos. Ya está en la línea de 22. Dos contra uno. Pásala. Joder, pásala de una vez. Pues no. Se la queda. Lo placan y desde el suelo consigue pasar el balón a Patxi, que ensaya. Menos mal, porque ya estaba formado el pelotón de fusilamiento de sus propios compañeros para proceder a su ejecución por chupón.

En esta segunda parte metimos dos ensayos más (Conrado y Seta) que nos daban tranquilidad. Quizá demasiada, porque en los últimos minutos relajamos un poco la defensa y nos cascaron dos chicharros, aunque no era suficiente para que Alcobendas le diera la vuelta al marcador.

La clasificación queda muy interesante. Los dos primeros suben automáticamente a segunda división y el tercero tendrá que promocionar contra el antepenúltimo de segunda. Como Liceo, que iba primero, perdió su partido contra Villalba (iban terceros), ahora encabezamos nosotros la clasificación con 35 puntos, después Liceo con 32 y Villalba con 30, a falta de dos jornadas en las que Villalba tiene dos partidos “fáciles” y Liceo y nosotros nos enfrentamos a muerte el fin de semana que viene. Duelo en el Ramón Urtubi.

Muchas gracias a los lesionados que bajaron a animar a pesar de lo desapacible del día (Moni, Juan) y a los retirados (Javi Rubio), a los irreductibles sub 23 que se desgañitaban en la banda (Mauro, Masilla y algunos más), a Jesús Perea padre por hacer de delegado con eficacia y por darnos tranquilidad cuando la emergencia médica nos tenía acojonados (y por acompañar a Juanjo al hospital junto con Guille) y a todos los hijos que andaban como lagartijas por el campo, llevando el agua y el tee cuando correspondía y quizá preguntándose qué cojones hacían sus padres dándose porrazos contra otros señores en una tarde de perros, con lo bien que se estaría en casa.

Prepárense para el partido de la semana que viene.

Pato