
San Isidro, 28 –CRC C, 42
Ya lo decía Kique al terminar el partido. Se acaba la liga y no podemos estar sino orgullosos de esta temporada. Estamos pendientes de jugar la promoción de ascenso contra el tercero por abajo de la segunda división, que si no lo he mirado mal, serán los del primer equipo de los Osos del Pardo.
Si conseguimos este ascenso lograremos una plaza para que la temporada que viene los muchos chavales que van a poblar los entrenamientos de los sub23 puedan tener más minutos de juego. Nosotros volveremos a jugar en tercera, donde cada año que pasa se nos hace más difícil mantener un ritmo de juego competitivo, pero que a pesar de nuestros muchos achaques, ahí estamos, en cabeza.
El partido de hoy no tenía trascendencia en cuanto a la clasificación, porque los dos primeros de la tabla ya tenían o más puntos que nosotros (el Liceo 2 más gracias a sus bonus defensivos) o mejor average de tantos (hemos empatado a puntos con el Villalba, pero ellos han metido muchos más ensayos que nosotros). El cuarto, Alcobendas, ya estaba demasiado lejos en la tabla y no podían acercarse.
Pero sí que era un partido importante desde el punto de vista moral. Todavía nos duele el cuerpo y nos escuece el espíritu tras la derrota de la semana pasada contra el Liceo, y queríamos acabar la temporada con buen sabor de boca.
Teníamos que ganar al San Isidro. Y el caso es que no contábamos con la ayuda de ninguno de los chavales de sub23, porque tenemos la enfermería a rebosar y porque había varios con situaciones inaplazables. En el acta solamente aparecíamos 16 viejunos, entre los que además había varios (Arturo, Moni, César, Carlos, Kique, Pato…) que se ponían de corto contraviniendo las instrucciones del médico, ignorando las normas más básicas del sentido común y, por supuesto, a escondidas de sus mujeres.
Pero había ganas, había actitud y había talento. Velocidad… pues no, de eso no había, pero fue suficiente con lo anterior. A cinco minutos del pitido inicial nos ponemos por delante con un bonito ensayo de Beto, que mete otro más a mitad de la primera parte y un tercero a poco del final; todo un hat-trick que podrá añadir a su leyenda y de paso dar la brasa a todos los que le quieran escuchar en los próximos años (“voy a contarte ese partido en el que metí tres ensayos…”).
A la vuelta de la segunda parte Arturo se marca un caracoleo de los suyos, con cuidado de esprintar lo justito para que no se le salten las costuras de su rotura de fibras y mete otro chicharro bajo palos. Vamos ganando 0-21 y esto no se nos debería ir de las manos.
Pero, como se veía venir, poco dura la alegría. En un contraataque se nos van por fuera y marcan su primer ensayo. No pasa nada. Todo está bajo control. Vamos, chavales. Claro que sí. Venga. Sacamos de centro, perdemos el balón, nos pegan una patada muy larga atrás, nos hacemos un lío intentando sacar el balón de allí, nos lo quitan, cometemos golpe para evitar lo inevitable y el árbitro se marcha muy digno bajo palos para señalar ensayo de castigo (creo que es la primera vez que nos lo pitan).
Vamos, que a lo tonto, de repente vamos ganando por solo 14-21 y tenemos a los contrarios efervescentes y oliendo la sangre. A ver si la vamos a cagar.
Pero es aquí donde la música de Carros de Fuego empieza a sonar de fondo y se ve a Patxi echando patas a cámara lenta (bueno, a su velocidad normal), pisando para adentro y dejando atrás a uno, dos, tres defensores… y marcando bajo palos. Por supuesto, Patxi es el que más corre de todos nosotros, pero uno no puede evitar que le vengan a la cabeza las imágenes de los astronautas en la Luna, moviéndose en condiciones de baja gravedad… como Patxi.
El partido no podía acabar sin un ensayo de Moni haciendo la de Moni. Golpe a favor en su 22. Lo jugamos a la mano. Los delanteros tienen la instrucción de colocarse detrás de Moni, para que fije a un defensor y les dé después el balón para que entren como elefante en cacharrería. ¿Adivinan lo que ocurrió? Exacto. Mini-amago imposible de creer, mini-cambio de ritmo y hala palante como los de Alicante, los contrarios que no logran hacerse con él y otro bonito ensayo que sube al marcador.
Muchas gracias a Sergio ‘Mou’ por pegarse el madrugón para venirse como delegado, a Vincent, el hijo de Thomas, por ayudar con el agua, el tee, el tape, el frío, el calor, la crema del sol, los escapularios, la jaula del periquito y las cartas del tarot, y a Chespir, Juan y Ramón por acercarse a animar y a compartir estos buenos ratos.
Porque de eso se trata. De compartir buenos ratos. Y de compartir los malos también. Porque si llegan malos ratos, prefiero pasarlos con vosotros.
Pato
