CRC Pozuelo Rugby

La mayor escuela de Rugby de Pozuelo de Alarcón

CRC C, 21 – San Isidro B, 100

Para empezar, solo a la FRM se le ocurre poner un partido justo el fin de semana en el que todos los que tienen hijos se van de vacaciones de semana santa. Entre eso y la multitud que tenemos en la enfermería, a 48 horas del pitido inicial éramos solo 10 para jugar.

Poca ayuda podía venir de los sub23 nuestros, entre los que se iban de vacaciones y la gran mayoría, que habiendo alcanzado las 6 titularidades en su categoría, ya no podían legalmente jugar con nosotros. Higuero y Charlie fueron los únicos valientes (y algo temerarios, seguramente) que aceptaron el reto de enfrentarse al líder de tercera A con los recursos al mínimo.

Porque el San Isidro venía a asegurarse el triunfo matemático en nuestra división. Si ganaban este partido lo tenían. Y claro, no escatimaron en recursos. Su entrenador me dijo que tenían 110 fichas y que ‘habían logrado armar un lindo plantel’ para este partido. Eso incluía a unos cuantos de su primer equipo, que aspira a subir a DHB.

Lo que tenían enfrente no creo que se pudiera describir con esas mismas palabras. A última hora conseguimos completar los 15 titulares, sin ningún cambio y con varios haciendo el sacrificio de ponerse de corto a pesar de no estar recuperados: César con su rodilla, Javi Rubio con la otra rodilla, Diego con su hombro, Jorge con un dedo mirando a Cuenca, Thomas retrasando las vacaciones de su familia para completar la plantilla… Y varios de nuestros jugadores más significativos (Conrado, Diego ‘Tormenta’, Juanjo, Arturo, Pablo, Patxi, Emilio, Hedi…) en el dique seco por unas razones u otras. La cosa pintaba fea.

Y pintaría fea, pero el caso es que justo antes del pitido inicial ahí estábamos 15 amigos, serios, mirándonos a los ojos, dispuestos a dejar la piel en el campo y a mantener la dignidad en la medida de lo posible. Nada que objetar, salvo la ya demostrada mala decisión de elegir jugar de verde en lugar de con nuestros tradicionales colores azul y amarillo. Bueno, ya hemos aprendido, esa decisión nos ha costado una derrota. Para otra vez, de verde, no.

El partido tuvo poca historia. En la primera parte apenas tuvimos algún balón para poder atacar, y nuestra defensa hacía aguas cada vez que el contrario nos movía lejos y aprovechaba que el rango que cubren nuestros jugadores tiene la misma superficie que el armario de las escobas.

A pesar de todo, a mitad de la primera parte por fin conseguimos hacer llegar un buen balón a nuestros tres cuartos, Kique pasa lejos, Santi entra llevándose a dos defensores y asistiendo a Higuero, que corriendo como el viento por la banda, deja atrás al último defensor y llega a marcar bajo palos.

Hay que conseguir más balones para que corran los chavales. Pero es muy difícil. San Isidro tiene bien entrenada la touch, ganando con claridad las suyas y robando o fastidiando casi todas las nuestras. En las melés hacen valer su mayor peso (por una vez no somos nosotros los más gordos) y se hace muy complicado sacar el balón para que los de atrás puedan hacer algo útil. En los rucks llegan antes que nosotros y no hacemos más que perder balones en uno u otro momento.

En otra jugada cerca del final de la primera parte estamos a punto de marcar, pero cuando Charlie se tira a posar es agarrado del cuello y pierde el control del balón. Lo que podría (debería) haber sido un ensayo de castigo y un marcador ‘controlable’ (14-29) se convierte en un drop-out para ellos desde la línea de ensayo que acaba con una marca de ellos. Mierda.

Llegamos al descanso derrengados, perdiendo 7-48 y sin ideas para darle la vuelta a la situación. Además, Diego se ha fastidiado el hombro y lleva un buen rato aguantando en el campo, sin sentir los dedos de la mano ni mover el brazo. No puede seguir. Simon nos da, como siempre, buenos consejos para la continuación, pero la situación es límite.

En la melé probamos diferentes combinaciones para tratar de estabilizarlas (¿quién se imaginaba a Javi Rubio de ocho?), y un poco sí que se nota. Pero lo que no mejora de ninguna manera es nuestra resistencia y velocidad, con lo que cada vez son más evidentes nuestros agujeros en defensa y lo único que conseguimos es dejar situaciones clarísimas para que las aproveche San Isidro. Por cierto, algunos de sus jugadores (jaleados desde la grada, por cierto) demostraron un nulo respeto por los supuestos ‘valores’ de nuestro deporte, quizá creyéndose all-blacks delante de jugadores que casi les triplicaban su edad. Allá ellos, si creen que ganar así la tercera regional de Madrid es un mérito que valga la pena poner en el currículum (o hacerse una camiseta con él, como llevaba alguno).

Los últimos 10 minutos del partido son de dominio nuestro, quién lo iba a decir. En una buena combinación colectiva, producto de un golpe de castigo jugado a estilo años ochenta, Santi entra con velocidad y decide pasar a través de su zaguero para marcar, en lugar de tratar de esquivarlo. Y cinco minutos después, en la última jugada del partido, Ángel se tira un up-and-under de libro que va a caer a 10 metros de su línea de ensayo, pero su zaguero se hace caca cuando oye resoplar a Carlos y Santi, que vienen como lobos a machacarlo, se le cae el balón de las manos, Carlos lo recoge y se lo deja a Santi para que marque el ensayo final, con el que nos vamos del campo con un mínimo buen sabor de boca.

En fin, un partido jodido y desagradable para los que estuvimos en el campo, ante un contrario que fue en algunos momentos zafio y poco deportivo. Que les aproveche este pedazo de título para su vitrina de trofeos, que debe de estar llena.

Me quedo con la actitud de nuestros jugadores. Es fácil ser amiguetes en las victorias, pero para mí es todo un honor haber compartido campo con gente que en una situación tan fea ha luchado y ha sabido apretar los dientes y dejarse la piel. Yo, siempre en vuestro equipo.

Pato.