CRC Pozuelo Rugby

La mayor escuela de Rugby de Pozuelo de Alarcón

No tuvo nada que ver este partido con el que jugamos a la ida, cuando los alcalaínos nos enchufaron casi 100 puntos sin despeinarse. En cambio, este sábado tuvimos bastantes momentos de dominio en el juego en los que quizá pequeñísimos detalles (estoy hablando de nuestra lentitud, torpeza, falta de talento y decrepitud en general) nos separaron de haber aumentado notablemente nuestro marcador.

A nuestra habitual falta de efectivos había que sumar hoy varias ausencias por covid, viajes y causas varias. A ellos también les faltaban algunos de los jugadores importantes que más agobios nos dieron en el partido de ida. Como en todas las casas, se hace lo que se puede.

La primera parte fue, como ya es tradición, un pequeño desastre. Sacan de centro, dejamos que cojan el rebote en lugar de pillarlo al vuelo, nuestra presión al portador de balón es muy intensa, pero solo desde el punto de vista psicológico, y nos empotran el primer ensayo bajo palos.

Por si fuera poco, nuestro Santi se resiente de un golpe anterior en la rodilla y abandona el campo en esta misma primera jugada. Si teníamos a alguien que corriera un poco, pues ya no. 

Y no se acaban las miserias. Cinco minutos más tarde Beto se lleva un golpe en las costillas y se va a acompañar a Santi al hospital, que no esté solo el chaval.

Así que nos ponemos a hacer lo que mejor sabemos hacer: juego cortito, exasperantemente lento y lleno de imprecisiones, pero manteniendo la posesión y avanzando poco a poco hasta acercarnos a su ensayo. Si fuéramos del Barça diríamos que este ratito lo habíamos ganado por haber mantenido la posesión.

Pero por fin el Alcalá encadena tres jugadas a la línea, nos desbordan en carrera gracias a su juventud y lozanía y nos enchufan tres ensayos antes de que acabe el primer tiempo. Perdemos 0-26, que es un huevo… pero la mitad de lo que había sido el partido de ida. 

La segunda parte empieza con otro rollo. O ellos se han relajado un poco o nosotros nos hemos venido arriba, o las dos cosas, pero parece que estamos creando un 3% más de peligro. A los cinco minutos y demostrando que más sabe el diablo por viejo que por diablo, tenemos una touch a 10 metros, Seta ha llegado el primero y me hace ojitos de corderillo, saque rápido mientras los de Alcalá comentan el lío de Ucrania o lo largo que es su libro de jugadas, Seta que acelera en modo ascensor roto de Resident Evil y palante hasta la cocina. Moni transforma, igual que el resto de nuestros ensayos de hoy. Cuando tiene el día las mete desde cualquier lado.

Vale, que nos les ha gustado y que ahora que han visto nuestras flaquezas se pegan otras dos carreras y nos marcan dos ensayos más. Nos da igual, el nuestro molaba más.

Nosotros, a lo nuestro. Llegamos pasito a paso hasta 5 metros de su ensayo y conseguimos golpe a favor. No pedimos touch porque lo mismo la cagamos y no pedimos melé porque los niños tienen el lomo ya muy curtido, así que hacemos jugada ochentera. Como Juanjo ha puesto cara de querer hacer la última carga suicida de los samuráis y ha conseguido que todos los delanteros contrarios se pongan enfrente de él, sugiere por lo bajini que no le pase el balón y que, en cambio, se lo pase al bueno de Conri, que ha acampado un poco más lejos, en una zona mucho menos habitada. Pues blanco y en botella, amago para acá, pase para allá y ese autobús que se acerca es Conri bufando con en balón en la mano. Los de Alcalá no terminan de convencerle de que no pase y metemos nuestro segundo ensayo.

De nuevo nos contestan con otro ensayo a base de patas, pero cómo ha molado el nuestro, oiga. 

Y por fin, a tres minutos del final, volvemos a meter otro ensayito con más maña que fuerza. Como resulta que hemos “ganado” la segunda parte con un parcial de 21 a 19 nos quedamos con un cierto buen sabor de boca. Quien no se consuela es porque no quiere.

Muchas gracias a todos los que jugasteis, a los que no jugasteis pero os habría gustado hacerlo, a Ramón y PJ que se acercaron a animarnos a pesar del frío siberiano que estaba cayendo; a Simon, como siempre, luz de nuestros pasos, y al bueno de Liviu, que se quedó unas cuantas horas después de su propio partido y estuvo haciendo generosamente de aguador.

Independientemente del resultado… ¡me encanta jugar con vosotros!

Pato