CRC Pozuelo Rugby

La mayor escuela de Rugby de Pozuelo de Alarcón

Real Canoe NC, 26 – CRC Pozuelo, 89

Cuando la federación pone un partido en un puente ya sabemos que vamos a andar justitos de efectivos, pero lo de este domingo rozó la tragedia. En el pitido inicial retozaban por el campo 14 jugadores más o menos achacosos y el bueno de Mario, que andaba claramente cojo (bueno, la otra rodilla la tiene más o menos bien, no es para tanto).

La salsa del día la ponía el equipo contrario, el Real Canoe. Sí, como lo oyen. Los de rayas amarillas y azules. Los de la sudadera que pone “desde 1963”. Como ese chiste malo del borracho que llega a su casa, no enciende la luz de su habitación para no despertar a su mujer, empieza a tocar la cama y dice “estos pies… es mi mujer … y estos otros pies… este debo de ser yo”. Pues eso, 30 personajes en el campo vestidos de rayas azules y amarillas (bueno, para este partido nos pusimos el lado verde de la camiseta, lógico), 30 personajes que sonreían cuando alguien de la grada gritaba “hala Canoe”…

Los que triplicábamos la edad de los chavales del Canoe conocíamos la historia de este club que ahora son dos, pero probablemente ellos no, ni se hacían a la idea de que unos cuantos de los que tenían enfrente habían sido el Canoe durante 20 años.

Como consecuencia de ser 15 justos tuvimos algunas exigencias de guión: Mario, tus 10 minutos en el campo van a ser 80. No te lesiones. Quiero decir, no te lesiones AÚN MÁS. Patxi, ¿has jugado alguna vez de segunda línea? ¿Te gustan las películas de gladiadores, muchacho?

Pero todo salió bien. A los tres minutos Gonzalo inaugura nuestro marcador con un buen ensayo que pone la guinda a una jugada colectiva, y así cada poco tiempo hasta llegar al descanso ganando 0-48.

Como siempre, sabias palabras de Simon antes de empezar la segunda parte: el objetivo es jugar como equipo, sin individualidades, con humildad y generosidad, y mantener la concentración en ataque y defensa para evitar que marcaran ni un solo punto.

Y también como siempre, lo primero que hacemos en la segunda parte es echar por tierra esas sabias palabras. Un pase malo nuestro termina en un contrario, que desde casi su 22 pega un puntapié feo pero eficaz, echa patas, el rebote le cae en las manos y llevado por las alas que da el pánico de saberse perseguido nos clava su primer ensayo.

“No pasa nada”, nos decimos. En términos prácticos está claro que no pasa nada, somos muy superiores y si seguimos haciendo el juego ordenado que hemos estado haciendo en la primera parte terminaremos el partido contentos. Pero a nadie le sienta bien que por una cagada con algo de mala suerte nos metan un chicharro.

El caso es que creamos situaciones de peligro continuamente, pero al llegar a su línea de ensayo somos víctimas de la única jugada que parece tener perfectamente entrenada el Canoe: agarrarse como garrapatas al tío que lleva el balón y tirarse debajo de él para anular el posible ensayo y sacar de drop-out.

Cuatro veces nos lo hicieron. Ni una, ni dos, ni tres. Y luego habrá quien diga que no damos espectáculo ni emoción. Tampoco ayuda que alguno de nosotros parece que recuerda sus dolores de espalda antes de zambullirse para marcar, con una posición erguida francamente digna pero no demasiado eficaz, con lo que es más fácil que te hagan el abrazo del oso.

Dicho esto, Vetto metió un ensayo parándose justo tras la línea de ensayo, chocando de pie con el brazo derecho en el que llevaba el balón, dedicando un tiempo no muy corto para cambiarse el balón de mano y bajarlo hasta el suelo sin dejar de estar de pie. Heterodoxo, pero funcionó.

Mario también metió un ensayo a cámara lenta (yo creo que los astronautas en la luna se movían con más agilidad) y cojeando como Terminator, pero su discapacidad no fue un problema para meterse dentro y marcar.

Total, victoria clara y satisfacción por haber sacado adelante un partido que se nos podría haber puesto cuesta arriba.

Muchas gracias a los cuatro sub23 que dieron todo en el campo (Jorge, Jesús, Javi y Gonzalo) y a Simon por su paciencia y buen criterio. Y a Jesús padre, cuya presencia nos da siempre seguridad y tranquilidad (y a mi concretamente me devolvió a la triste realidad tras unos instantes de paseo por el Walhalla).

 

La semana que viene nos enfrentamos al Sanse, que probablemente será el contrario más fuerte que vamos a encontrar en nuestro grupo. A ponerse las pilas, chavales.

 

Pato