CRC Pozuelo Rugby

La mayor escuela de Rugby de Pozuelo de Alarcón

Filo Liceo, 56 – CRC C, 14

Los sub23 tenían una cita difícil en Oviedo y no nos podían prestar nada más que al bueno de Andrés Tolmos. El resto de la muy magra alineación (17 jugadores) hubo que completarla con gente aún no totalmente recuperada de sus recientes lesiones (Kique, Conrado, Juanjo, Arturo, Hedi, Javi Rubio…) y menos aún de la pila de años que arrastran.

A pesar de la precariedad, nos presentamos en el campo del Liceo con ilusión, con ganas de hacer una actuación digna, sobre todo después de los varapalos de las dos semanas anteriores. Enfrente, un Filo-Liceo que en realidad era solo Liceo, pero con el acta completa y – salvo la honorable excepción de un flanker canoso como nosotros – llena de chavales jóvenes con ganas de correr mucho.

Y la cosa empezó mal. Muy mal. Cinco minutos y nos crean una superioridad atrás que acaba en ensayo, a pesar de dos pases adelantados que solo el árbitro no vio. 7 minutos más tarde se vuelven a acercar a nuestra 22 y deciden tirar un golpe a palos, no vaya a ser que el partido se acabe decidiendo por la mínima. Recordemos que veníamos de ganar nuestro enfrentamiento anterior, supongo que por eso andaban con tantas precauciones.

El caso es que sacamos de centro, uno de ellos le da una patada al balón en lugar de cogerlo, rebota en un compañero suyo que estaba por delante, la vuelve a coger (eso es golpe de castigo, al menos en nuestra cabeza) y con un par de pases se plantan en nuestro ensayo. Y en la siguiente jugada, en el saque, de nuevo cometen un pase adelantado que el árbitro no ve y otro chicharro en contra. No hemos olido el balón en estos 20 minutos y ya vamos palmando 20-0.

No creo que seamos un equipo de disciplina modélica, pero entre unas cosas y otras hay varios de nuestros compañeros que creen que quejándose al árbitro amargamente van a conseguir cambiar el resultado. Pues claro, no. Por momentos planea la amenaza de una tarjeta amarilla por rajar de más, que candidatos tenemos varios, pero al final el árbitro se contiene y seguimos con 15 en el campo.

El caso es que a ratos no jugamos tan mal. Por fin nos acercamos a su ensayo, cometen un golpe, hacemos una de nuestras elaboradísimas combinaciones ochenteras, que con todas sus telarañas todavía parecen resultonas, y nuestro único y flamante sub23, Andrés, consigue marcar. 20-7, todavía estamos en el partido.

No seríamos nosotros sin ese ensayo en contra en el minuto 37, que deja el partido un poco más cuesta arriba, pero tampoco tanto.

Simón aprovecha el descanso para sentar a Arturo, que ha jugado cojo toda la primera parte, y para darnos sus sabios consejos, de los que no hacemos el debido caso, como es habitual.

Sacamos de centro con energías renovadas, pero enseguida se nos están viendo las costuras a punto de reventar. A los cuatro minutos se nos escapa su zaguero, que ha pillado un buen balón para contraatacar y corre demasiado. Así, a lo tonto, ya nos hemos puesto 32-7 y esto no tiene ninguna pinta de ir a mejor.

Pero yo qué sé, ellos tampoco tienen su día más brillante, así que poco a poco nos vamos acercando y es ahora nuestro Guille el que lanza su amplia humanidad hacia delante y les clava nuestro segundo ensayo, de nuevo transformado por Santi. 32-14.

¿Es una señal del principio de nuestra remontada? Nones. Un pase de mierda le llega botando a Kique, que a la desesperada le pega un puntapié al balón y solo consigue romperse el isquio de la pierna derecha. Ponemos en marcha el bingo de posiciones en los tres cuartos porque ya no quedan cambios (aunque lo de los delanteros también era para verlo, con un sorteo ante notario de posiciones en la primera línea antes de cada melé), y se pone Santi de apertura. Se le suben continuamente los gemelos, pero como Pablo también tiene el isquio pidiendo la hora hay que seguir adelante, no hay cambio posible.

Ahora que nuestros tres cuartos se mueven menos que los muñecos del subbuteo (hace 60 minutos que nuestros delanteros dejaron de correr, a esos ni los cuento) los del Liceo tienen todas las facilidades para hacer ataques abiertos y encontrar huecos. Solo tienen que preocuparse de no cagarla en los pases, lo que no siempre les sale bien. Pero vamos, a pesar de todo en solo cinco minutos nos enchufan dos chicharros más, y ya vamos 51-14. Andar cortos de plantilla nos cuesta muy caro.

El Liceo aprovecha para hacer todo su carrusel de cambios, pero ya no consiguen nada más, salvo un postrero ensayo que es más fruto de nuestro cansancio y mala actitud que de su acierto.

Total, paliza recibida y sobre todo mala sensación, mal cuerpo. Como muy bien decía Kique al terminar, aquí venimos a disfrutar, independientemente del resultado y del arbitraje, y eso no es lo que hemos vivido hoy. Vamos a tratar de concentrarnos en lo que podemos aportar al equipo y no en nuestros lloros y lamentos individuales, que al final no sirven para nada práctico.

Nos queda una última jornada de liga la semana que viene contra Ammonites. Está en nosotros mismos, solo en nosotros, salir del campo con un buen sabor de boca. Así que hagámoslo. A por ellos.

Pato