CRC Pozuelo Rugby

La mayor escuela de Rugby de Pozuelo de Alarcón

       Por Miguel Ángel Tamayo

      Tras el partido de la pasada semana contra Jaén, con un desenlace, como recordarán, capaz de poner a prueba los nervios más templados y cuyo resultado apretó más, si cabe, la clasificación, nuevamente, aquí nos encontramos.

Como bien indica mi compañero al micro,  Matías, fantástica tarde de Rugby en el Valle de las Cañas, ni frío ni calor, es decir… 0 grados, para compartir otra magnifica tarde de Rugby viendo al Pozuelo Rugby Union frente al CD Rugby Mairena.

A modo de paréntesis es de reseñar y elogiar el esfuerzo realizado por el Pozuelo Rugby Union en atención al despliegue de medios para esta retrasmisión, despliegue que incorpora, entre otras cosas, tecnología para poder escuchar los comentarios en juego de la referee; chapó compañeros.

Pues vamos allá.

Tras el pitido inicial de la árbitra, Cintia Loyola, nos vimos inmersos, desde el minuto 1, en un partido de Rugby con mayúsculas.

Puede que para algunos se intuyera un diferente, pues el Pozuelo recuperaba a varias ausencias Covid, aunque sé dejaba a Sione y Colo en el banco por precaución, hasta qué el apertura sevillano, Peraita, sacó su pierna a pasear para dropar de centro… todo armonía… espectacular. Y así 80 minutos.

Todos los amantes de este deporte somos conocedores que los partidos se ganan en el campo desde el pitido inicial, aspecto qué pilló a contrapié al equipo madrileño en los primeros compases del partido, aunque ciertamente su potencial le fue concediendo una ventaja incierta, castigando, inmerecidamente al equipo sevillano.

No obstante, pasados los primeros 25 minutos de juego, durante los cuales Mairena desarrollo un juego y una garra dignas de un equipo de la parte alta de la tabla, el equipo madrileño se asentó y empezó a abrir brecha en el marcador.

       Y, llegados a ese punto, sólo quedaba recostarse, disfrutar y agradecer a los artífices de los postreros 55 minutos restantes.

55 minutos durante los cuales ni un solo jugador del Mairena bajo los brazos, ni uno solo (eso debería bastar para que no se les quitará la sonrisa durante todo el camino de vuelta a casa).

Así como el equipo madrileño asentó bases y recuperó sensaciones tras las importantes bajas producidas por el Covid y su secuelas correspondientes, añadiendo progresivamente madera hasta el desenlace final reflejado en el luminoso.

Ambos equipos nos deleitaron con 80 minutos de entrega, de rugby y de respeto. Poco queda más que dar las gracias.

Buen tercer tiempo Compañeros.