CRC Pozuelo Rugby

La mayor escuela de Rugby de Pozuelo de Alarcón

6 Febrero 2022

Valle de la Cañas, Pozuelo

Pues eso, parece que podemos estar en modo grandioso pero solo un ratito. 

Nos enfrentamos en partido aplazado al turbo-líder de la liga, el Filo Getafe, unos muchachetes muy entrenados y que da gloria verlos, como decía mi madre; que han metido una media de 73 puntos por partido y que no vienen a pasar el rato precisamente.

Por nuestra parte presentábamos 18 cuerpo-escombros con la ancianidad habitual (que hace mucho que no os pongo la media, pero hoy estaba en unos nada despreciables 45 palos) y algunas ausencias notables en la primera línea y en el ocho. A pesar de eso las melés fueron bastante bien. Quizá de lo poco que ha ido bien.

El árbitro, previsor, aparece en el campo con dos banderines para los linieres. Es el equivalente a los niños que vienen con un pan bajo el brazo. No solo eso. Los del Filo han visto de lejos a Sespir y a sus camaradas y tienen la fundada sospecha de que podríamos estar camuflando a varios fidjianos y samoanos en nuestra alineación, con lo que le piden al árbitro revisión de fichas antes de empezar. Toma ya. 

Sacan ellos. A ver qué tal. Pero infieles por una vez a nuestra tradición de empezar el partido cagándola irremediablemente, encadenamos una serie de rucks-barrigazo en la que por una acumulación de casualidades no perdemos el balón y vamos ganando metros hasta que nuestro samoano Sespir atraviesa la defensa y aprovecha sus últimas fuerzas para desplomarse con el balón sobre el área de ensayo. 5-0, empezamos mandando en el marcador. No nos lo creemos ni nosotros.

Ni ellos tampoco. Sacan, nos mangan el balón y se meten dos veces hasta la cocina. Bajo palos, qué duda cabe.

Ahora sí que somos nosotros mismos. Ya nos reconocemos. Tenemos que cagarla para empezar el partido en paz. Con esa seguridad sacamos, robamos la bola, continuamos la sucesión de barrigazos y Emilio se derrumba sobre su línea de ensayo. Vamos casi empatados, 14-12. Árbitro, la hora. Minuto 13. Leches, queda un huevo.

En la pausa para transformar aprovechamos para juntarnos y dejar clara la táctica. Queremos defensa coordinada, sin agujeros, el primer tío rápido al suelo, sin golpes, circulando, ojo a los postes y toda la pesca. Lo tenemos todos clarísimo. Palante. Sacan de centro, nos rompen la defensa y cabalgan hasta ensayar bajo palos. Vamos, justo lo que habíamos hablado.

A mitad del primer tiempo se organiza la tormenta perfecta. Por una parte, la lógica reacción del líder, su velocidad y juventud y por otra parte nuestra no tan destacable condición física. Total, que dejamos agujeros por todos los lados y el partido se convierte en una sucesión de ejercicios de entrenamiento suyos de 2 contra 1 en la que no salimos nada favorecidos. Nos empiezan a caer chicharros cada vez con más frecuencia hasta llegar al abultado marcador final de 17-101.

Otras veces se nos da mejor la segunda parte o el final de la primera o yo qué sé, pero hoy está claro que la magia solo nos duró hasta el minuto 20. Pero qué magia, oiga.

En fin, muchas gracias a Raulito por acercarse con nosotros y a todos los que habéis dado el callo hoy, que pintaba feo. Es un placer y un orgullo jugar con vosotros, como decía Kique al final.

Pato