CRÓNICA 3E 7 feb 2026
CASI
Alcobendas, 12 – CRC, 7
Pues eso, que casi ganamos. Que casi nos llevamos el partido. Bonus defensivo, casi victoria, consuelo de perdedores. Que casi metemos alguna de las doscientas mil oportunidades que tuvimos. Que casi placamos al que nos calzó el segundo ensayo. Que casi acertamos con ese pase que se fue al suelo. Que casi pillamos ese balón que se nos escurrió. Que casi tomamos la decisión adecuada en ese momento. Casi. Casi.
El caso es que hacía una tarde de perros. Frío y lluvia fuerte durante las horas anteriores, durante los días anteriores, durante las semanas anteriores. Bueno, llovizna más débil durante el partido, algo es algo. Frío de pelotas. Una borrasca con nombre propio, Marta. Un campo encharcado, y eso que era césped artificial. Una grada no especialmente volcada con nosotros (éramos los visitantes), pero en la que se oían de vez en cuando los gritos de ánimo de Vanesa, Ramón, Ángel, Jesús Perea padre o el incombustible Simon, muchas gracias por estar ahí.
Y que éramos 16 en el acta. Un montón de bajas por viajes, lesiones y turnos laborales. Y de esos 16, varios que no aprobarían un test de mínimos de aptitud física para jugar al rugby. Ni para jugar al parchís, la verdad. Esta vez solo nos acompañaban tres chavales de los s23 (Jorge, Jesús y Javi), pero solo puedo decir cosas buenas de ellos. Lo dieron todo en el campo, sobre todo en dos balones que iban a haber acabado en ensayos claros de Alcobendas, pero que gracias a su pundonor y a su esfuerzo se quedaron en nada.
Como los vestuarios de las terrazas estaban ocupados por los chavales que habían jugado antes de nosotros nos cambiamos de ropa en el gimnasio, e incluso empezamos allí mismo el calentamiento previo al partido, porque no acompañaba el tiempo para hacerlo a la intemperie.
Enfrente, nuestros amigos y eternos rivales de Alcobendas, que habían llenado el acta y estaban bien acompañados con algunos chavales jóvenes, que nos dieron muchos dolores de cabeza.
Y empieza el partido, mucha igualdad. Las melés para cada equipo; las touches, repartidas, más por azar que por seguridad en el movimiento, y el juego muy cerrado, con casi todos los movimientos cerca de los puntos de encuentro. Vamos, lo típico para cuando hace un tiempo de mierda.
Esa igualdad dura muchísimo. Hay un rato largo, larguísimo, en el que se mantiene el empate a cero, a pesar de que nos hemos empadronado en su 22 y no les dejamos salir de allí. El caso es que nosotros tampoco somos capaces de dar con la tecla adecuada para entrar a marcar, y ya se sabe que el equipo que perdona lo acaba pagando caro.
Casi en el descanso por fin conseguimos que el balón se mueva hasta encontrar un hueco, y es Patrick quien se lanza a la piscina para marcar los primeros puntos del partido.
Qué bien. Ya está. Lo hemos hecho. Que el árbitro pite el final de una vez.
Pues no. Probablemente fruto de la relajación después de tantos minutos de tensión, en la última jugada del primer tiempo (mira que me suena haber escrito esta frase más veces en el pasado) se nos escapan por una banda, pasando por en medio de una touch, y acaban marcando el empate. 7 a 7 en el descanso.
El caso es que el juego había sido muy feo durante toda la primera parte, pero como mínimo había un compromiso claro en la defensa, y desde esa buena defensa habíamos construido nuestra ocasión de ensayar. En esta última jugada parece que habíamos olvidado todo lo anterior.
Simon en el descanso nos recuerda que esto es cuestión, sobre todo, de actitud. Los de Alcobendas son duros en los contactos y entran con fuerza y velocidad, pero en principio somos capaces de defenderlos. El segundo tiempo tiene que ser nuestro.
Pero el segundo tiempo vuelve a ser de muchísima igualdad. Nadie marca, a pesar de que nuestra escasez de banquillo se va notando y en esta segunda mitad ya casi no pisamos el campo contrario y nos cuesta mucho acabar cortando sus ataques.
De hecho, como empieza a quedar poco tiempo, ellos tienen un par de golpes de castigo a su favor y en ambos casos deciden probar a palos. El viento, la lluvia, la presión ambiental, los dioses del olimpo o yo qué sé deciden que el balón no entre y el empate a 7 se mantiene en el marcador.
En estos momentos ya se nos están reventando las costuras de las bragas. Cada balón de ellos tiene peligro, nuestra defensa es voluntariosa pero no demasiado eficaz y continuamente estamos a punto de recibir un ensayo en contra. Con la ansiedad de ver que nada de lo que hacemos funciona, de los pocos y malos balones que tenemos en ataque, muchos acaban en jugadas individuales desesperadas que simplemente sirven para devolverles el balón después de una cagada nuestra innecesaria. Menos mal que Moni nos mantiene con vida gracias a sus descomunales patadas.
Después de demasiados minutos defendiéndonos como cucarachas panza arriba, a cinco minutos del final acaban entrando a base de pick & go (bueno, y de una pantalla involuntaria del árbitro, que también podía haberse puesto en otro sitio donde molestara menos). En fin.
En la siguiente melé los de Alcobendas hacen pasar el tiempo hasta que se cumple el límite y chutan fuera directamente. Nada épico, pero sí eficaz.
Total, ellos muy contentos por habernos vencido después de varios años de ver cómo ganábamos en su propio campo; y nosotros tristes, pero dignos, por haber estado a punto de llevarnos el partido siendo una pandilla de vejestorios achacosos sin banquillo.
Magnífico tercer tiempo con unos callos con garbanzos de primera, muy adecuados en una noche tan fría, y compartiendo chascarrillos con los chavales de Alcobendas, que son muy majos y nos llevamos muy bien con ellos. Si es que eso del sagrado espíritu del rugby existe, se debe parecer mucho a lo que vivimos con los de Alcobendas.
La semana que viene tenemos un test difícil contra Soto, que sigue liderando la tabla de ascenso de nuestra división, y en su campo. Por lo menos parece que no va a llover. Prepárense.
Pato


