C2CJ ONS
Sanse Scrum B, 19 – CRC Pozuelo C, 17
Me ha quedado flojísimo el eufemismo del título, pero eso no quita para que la jornada de hoy haya sido una reafirmación de nuestro equipo. Aunque hemos perdido, la forma en la que hemos jugado ha estado muy bien y apunta a lo que queremos ser, que no siempre lo conseguimos.
Porque ya durante la semana se anunciaban negros nubarrones. La enfermería rebosante de lesionados: el partido del fin de semana pasado contra el CAU se cobró nada menos que tres víctimas y para este fin de semana teníamos a más gente entre los lesionados que entre los posibles jugadores. A sábado por la mañana solo estábamos apuntados siete, y varios de ellos con evidentes minusvalías físicas.
Abusando de su lealtad al equipo, a última hora añadimos a la lista a Diego, cojo como el cojo Manteca, con una preciosa rotura de fibras en el muslo, con el falsísimo argumento de “si solo tienes que sacar la touch y talonar, del resto olvídate”. También engañamos miserablemente a Hedi, que tiene una rodilla sin valor residual para el mercado de segunda mano y no podía acelerar más que a trote cochinero. Y más gente que había hoy por el campo con estados físicos terminales que no cuento por no extenderme, pero ya os hacéis una idea.
Contábamos con el siempre inquebrantable apoyo de los sub23, pero en este caso la lista de posibles ya se empezaba a quedar corta por las limitaciones del reglamento y además nos falló alguno que no debería haberlo hecho. Dicho lo cual, me quito el sombrero ante los incombustibles y siempre fiables Jesús, Gonzalo, Jorge y Alberto, que estaban allí puntuales y dispuestos a hacer frente a la adversidad sin perder la sonrisa.
La cosa pintaba complicada. Al final, entre viejos y jóvenes solo teníamos inscritos a 14 pavos en el acta y nos enfrentábamos al líder de la división en su casa. Los de Sanse no podían dejar pasar la ocasión de sacar estos puntos de cara a su ascenso.
Lo bueno de una situación desesperada, dentro de lo malo, es que a la gente se le quitan de la cabeza las limitaciones y sacan a relucir el lado más lúdico del juego. Ya que nos han tocado cartas malas, vamos a arriesgar y a divertirnos jugando.
Y funcionó. A pesar de un ensayo tempranero del Sanse y con uno menos en el campo, nos empezamos a venir arriba y a controlar el territorio. Nos pasamos media hora jugando en su campo, sin llegar a marcar puntos por nuestros propios errores, pero con una actitud defensiva que ya nos gustaría tener durante todo el año y con una cierta inspiración en ataque que hacía suponer que en algún momento abriríamos el marcador.
Así fue. A 5 minutos del descanso, Jesús se inventa un caracoleo imposible entre su defensa, deja un offload precioso a Alberto y marcamos un ensayo esquinado.
Al descanso llegamos perdiendo por la mínima, 7-5, pero con la sensación de que las cosas marchan bien y que lo mismo, vaya usted a saber, hasta nos llevamos el partido.
Los primeros minutos de la segunda parte son de igualdad, pero poco a poco nos vamos acercando. En un golpe de castigo jugamos a la mano y en lugar de enviar el balón a Moni (que a estas alturas ya tenía delante 35 defensores) se la damos a Boke, que llega resoplando como una locomotora de vapor y lanza su humanidad a través de la línea de defensa, de la que sale trastabillado y aterriza en el área de ensayo. Bolsa de oxígeno para Boke, que está espatarrado en el suelo y luce un cutis de un precioso color morado por haberse quedado sin respiración al caer encima del balón. Ahora vamos por delante, 7-10.
Pero bien poco nos dura la alegría, porque casi en la siguiente jugada nos enchufan un ensayo esquinado y vuelven a ponerse por delante, 12-10.
Las patadas salvajes de Moni, y en concreto una que da desde la cocina de su casa y sale por su 22, con touch para nosotros, nos ponen otra vez a tiro de conseguir puntos. Y es el propio Moni quien, ya consciente de que los niños en el colegio estudian “la de Moni”, en la que el apertura hace un micro amago de pasar el balón y al final se la queda, y que por tanto va a tener tres defensores encima antes de que pueda pensar qué hacer con el balón, pasa de amagos y simplemente cambia de ritmo, rompiendo la defensa y marcando nuestro tercer ensayo. Ganamos 12-17 y ya solo faltan 13 minutos. Hay que aguantar.
Pero el Sanse sabe que tiene que echar toda la carne en el asador, y a nosotros ya nos pasan factura la edad y la inferioridad numérica, a pesar de que la actitud de todo el mundo es magnífica. Nos atacan con todo, los contactos se hacen más duros y al final uno de ellos encuentra una grieta por la que colarse y ensayar en el centro. Aunque estamos empastados a 17, nadie puede fallar esa patada, y así ocurre.
En el minuto restante solo nos da tiempo a cometer un golpe de castigo y un avant, que no era precisamente lo que queríamos hacer. El balón de la última melé lo ganan y lo chutan fuera, y así se acaba la historia.
En fin, un partido perdido, pero la sensación agradable de habernos reencontrado con la actitud competitiva en el campo que pensábamos que habíamos perdido. Haciendo frente a la adversidad con determinación, con dos c****es. Y el pensamiento típico: ¿qué habría pasado si hubiéramos estado todos, sin inferioridad numérica ni gente en posiciones raras, y en un estado médico no digo sano, pero al menos sin cojeras evidentes?
La semana que viene, difícil partido contra Alcobendas en nuestra casa. Han apabullado hoy al CAU y parece que tienen intención de subir de categoría. Allí nos veremos.
Pato


