CRC Pozuelo Rugby

La mayor escuela de Rugby de Pozuelo de Alarcón

Por Miguel Ángel Tamayo

Cualquier aspecto de la vida, por ínfimo que nos parezca, te regala una lección de superación, de ejemplo, algo que, sin opción, te ayuda a ser mejor, si tienes lo ojos abiertos.

Una lección capaz de proyectarte una imagen que eclipsa todo lo demás.

Una lección que te enorgullece por tener la suerte de formar parte de este deporte, de esta familia formada innatamente en torno a un balón deforme, al respeto y la humildad.

Para mí, hoy, el resultado es lo de menos, explicito queda al inicio de esta Crónica, sin ambages, sin reproches.

Reconozco que es duro, sí, tenerlo ahí, al alcance de la mano…, ahí…

Y, de repente, sólo aferras el vacio y ves jugadores abrazándose que no llevan tu camiseta.

Un gato cómo yo diría “Es lo que hay, te dejaste comer la tostada”…, más, tras tanto Porteño acogido, por meritos propios, en la familia, lo expresarían de otra manera, y es cierto qué su manera es más linda…., Tenés todo o no Tenés nada…, así de simple lo resume el título de la última Crónica de esta magnífica, inolvidable e ilusionante primera temporada de este nuestro POZUELO RUGBY UNION.

Esta mañana de café sólo (pues tenía el estómago chiquito) y de aperitivo tardío, nos ofreció, nuevamente, un ejemplo desde su inicio…

Pues a los escasos minutos de juego, con el marcador en contra y en superioridad, nuestro Capitán, Jon Ander, llamó la atención del Colegiado Santoro sobre la lesión de Eder Martinez parando el juego para qué este pudiera ser atendido.

El partido…., uffff, trepidante, ninguno se guardó nada…, en fin…para qué y porqué…, pues para un lado u otro no había nada más allá del fin del callejón.

Y, tras 100 minutos inolvidables, compuestas por sus dos tiempos reglamentarios y su prorrogar de rigor a la qué nos abocó Masuku (vaya back infiltrao…), Joaquin silbó y cerró (o abrió, según se vea) una etapa qué no es más que “el comienzo de una buena amistad”.

Difícil no emocionarse al ver, tras 100 intensos minutos de lucha sin cuartel, más tensos que Gabete, imágenes que hablan por sí solas….

46 individuos qué, tras darlo todo, TODO, se reconocen y se admiran por lo que son, deportistas y en definitiva, miembros de la misma familia que, cual cruzada romántica, hace tiempo que nos cambió la vida a todos.

Lo dicho, llegados al final de nuestro COMIENZO del camino, sólo dar las gracias a la familia de Gernika por su hospitalidad y su coraje, a mi enlace allá,  Iñaki,  por su calor, predisposición y generosidad, así como desearles la mejor de las suertes.